Buenos sacerdotes católicos en el cine de Hollywood


Hubo un tiempo en el que Hollywood hizo cine de temática religiosa con enorme éxito de crítica y de público.

Hubo un tiempo en el que los sacerdotes que aparecían en las películas eran buena gente a la que no se le doblaban las rodillas con la primera tía buena que pasara por su parroquia.

Aquellos sacerdotes del Hollywood de la primera mitad del siglo XX eran personas de carne y hueso que luchaban para perseverar en su vocación. Tenían fe. Eran personas con corazón que amaban más a Dios que a los hombres. Eran alegres. Eran queridos. Habían tomado una decisión y la siguieron hasta el final.

La película más representativa de lo que digo es “Going My Way”, dirigida en 1944 por Leo McCarey y protagonizda por Bing Crosby. El director y el actor principal eran católicos, y “Siguiendo mi camino” fue la película más taquillera de 1944. Obtuvo 7 óscars, incluyendo el de mejor película, mejor director y mejor actor. El propio Bing Crosby fue a Roma a proyectar la cinta al Papa Pío XII.

¿No la conoces? Estás de suerte, porque es una historia optimista, alegre y llena de afecto por la figura del sacerdote. En “Going my Way” se celebra la alegría que produce la fidelidad de muchos años a la vocación recibida… a pesar de que el cura protagonista se reencuentre con la antigua novia que por cierto está de muy buen ver.

En esta escena, Bing Crosby habla sobre cómo la experiencia del catolicismo no es la de la opresión aterradora de la conciencia, sino la alegría de vivir en positivo:

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